Kábbalah fue un bar del Abasto porteño que tuvo una corta vida: un año y 8 meses. Proyectado como un espacio cultural, y luego de haber vivido las restricciones post-cromagnon, nos hemos dedicado durante un año y medio a ser meramente un "lugar de encuentro". Las noches de Kábbalah quedarán en el recuerdo de muchos como algo especial. Este blog intenta continuar con su espíritu, si es que creemos en lo espiritual.

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11/01/08

VIVEZAS CRIOLLAS

Todas las noches del año se abren las puertas de un lujoso lugar, impenetrable para muchos, y acudido por 500 personas cada noche... una tanguería turística, que alguna vez fue "El Chanta Cuatro": hotel, restaurant, y lugar de juego de bochas donde supo emborracharse y cantar nuestro querido prócer, señor del tango, Carlos Gardel. Esto nos cuentan los folletos turísticos, lo que no nos cuentan es qué pasa realmente, todas las noches, en este mítico lugar. Mítico por su historia y porque sólo pueden entrar personas de un alto poder adquisitivo, mayormente turistas, y por qué no, empresarios locales que gustan sacar a pasear a sus amantes-esposas-concubinas de vez en cuando, para divertirlas un rato. De eso, claro, se ocupan los artistas, porque el señor se sentará enfrente de su señora, en la fila de los hombres y ella en la de las féminas, aguardarán que el camarero de guantes blancos les acerque las cartas y les sirva de beber, y se dispondrán tranquilamente a elegir el plato que, vaya uno a saber por qué, tiene nombre "tanguero". Tranquilamente es un decir, ya que en ese instante vendrá un ejército de vendedoras que, con calidad y altura, intentarán enchufarle al turista el disquito de Gardel, la camiseta con la firma de Gardel, el programa del show y el DVD del show (donde NO canta Gardel, menos mal...), todo por el módico precio de muchos dólares, comparables a lo que vale llenar la panza de una familia argentina durante un mes. "Viveza criolla", que le dicen a este tipo de cosas.

Ahí entro yo en escena: con mis zapatitos que hacen clac-clac-clac, mi atuendo de punta en negro, mis uñas y rostro perfectamente maquillado, mis joyas y perfume no muy invasivos, y una enorme sonrisa ficticia que mantendré firme toooda la noche. Me acerco a cada mesa y les digo: ACOMPÁÑEME A TOMARSE LA FOTO CON LOS BAILARINES! y como por arte de magia los comensales DEBEN levantarse de sus mesas, dejar la comida si la tuvieran en el plato y caminar por un corredor hacia el rincón donde estarán dos personitas vestidas de bailarines de tango aguardándolos con una sonrisa. Eso si no deambularon por ese corredor antes. Si vinieron con un tour, deberán hacer cola, armar dos filas y dar pasitos adelante hasta que miren a la cámara, escuchen el "click" y puedan ser acompañados hacia la mesa. Cuando se sienten, habrá otro fotógrafo que captará para el recuerdo una imagen de la mesa con sus respectivos comensales.

Es curioso como se utiliza el imperativo en este tipo de casos. A los turistas no hay que subestimarlos, sólo hay que -sutilmente- ordenarles la vida. Venga por aquí, adelante, acompáñeme, apague su celular, tómese una foto... son 15 dólares. Es como una formulita: si los dejás pensar mucho, dudarán y no comprarán. Viveza criolla.

En fin, la noche tiene sus ritmos y los que mandan, son los camareros. Los pasillos son mínimos, menos mal que soy chiquitita y me puedo escurrir entre cualquier mesa, sino me las vería con el maitre. Hay que coordinar cada paso, cuando salgo a vender las fotos, debo cuidarme de no frenar en cada corredor para mirar las mesas, porque un "voy atráaaas!!" (con una bandeja llena de cafés) me interrumpiría y generaría un escándalo. Ser preciso, expeditivo, formal, rápido e inteligente son las mejores cualidades para moverse en medio de la noche. Ah! y tener buena vista y manejo con las manos, porque cuando comienza el espectáculo hay que seguir vendiendo, pero dando pasos sin ruido, agachándose entre la gente, hablando casi con señas, e iluminando con la linternita cada foto que se muestra y el dinero que se intercambia. Ahí viene la viveza brasilera: - um desconto! e si ya comprei duas fotos!- y demás argumentos que serán retrucados con un NO rotundo. -Si hiciéramos descuentos, nos fundiríamos- pensarán los empresarios, que ahora deben estar en Punta Cana con su Notebook jugando al solitario.

Hay distintas clases de turistas, tantas como países. Los que ni se quieren sacar la foto, los que te vuelven loca con preguntas y vueltas, los que dicen sí a todo, los que quieren rebaja, los que gustosos, abren la billetera llena de dólares y despliegan su dinero. La habilidad de vender está en uno, y el emporio de la venta está totalmente planificado.

El show es perfectamente hollywoodense. Qué más se puede decir. Perfectito, sin errores, despampanante en su producción, con bailarinas que bambolean sus destrezas del ballet por los aires y vestuarios que brillan en la oscuridad. El tango? Bien, gracias... al menos está Copes con su hija, que nos hacen acordar cómo era el 2x4.

La noche termina cuando el reloj da las doce y el bandoneón ejecuta sus últimos acordes. Afuera esperan una veintena de micros, combis, taxis... el tránsito se detiene ante el tumulto de gente. Los turistas salen sonrientes, glamorosos y llenos, en cuerpo, alma, objetos... exceptuando sus billeteras (pero eso es un detalle). El alma de Gardel los observa, dentro de una estatua que nada se parece al Morocho del Abasto. Una noche más, de un tango que nada tiene que ver con ese que se bailaba en los años '30.

Termino la noche, camino a la parada del colectivo: -1 peso por favor- cuento las fotos que vendí y veo por la ventana la verdadera noche porteña.

2 comentarios:

Snobbr Beta dijo...

Lucila:
Muy contento de que luego de Kabballah se las puedan rebuscar de alguna forma.
Muy contento de que el blog no haya muerto también.
Yo vivía en la otra esquina de la misma cuadra del Chanta 4 y sufrí mucho esa veintena de micros en la puerta, ya que no apagan los motores durante toda la cena, y algunos estacionaban justo debajo de mi ventana.
Interesante saber por fin cómo funciona la chantada ahí dentro.

Un abrazo desde Valencia!
Martín (pero de vacaciones, vuelvo en 2 semanas al calor de allá)

Lucila dijo...

Y sí, la vida sigue, y ud en Valencia! que bonito, eh???
En fin, luego de haber publicado este texto pensé: hice bien? porque ahora es mi trabajo y no debería ventilar los "trapitos al sol" y bla bla... pero bueno, todo lugar tiene su cocina, sus bambalinas, no creo que alguien sea tan inocente para creer que todo lo que brilla es oro... así que lo dejé publicado y al cuerno. Lo de los micros no lo sabía, yo estoy ahí adentro y el mundo exterior es... exterior.
besos, saludos a Lucía!