Kábbalah fue un bar del Abasto porteño que tuvo una corta vida: un año y 8 meses. Proyectado como un espacio cultural, y luego de haber vivido las restricciones post-cromagnon, nos hemos dedicado durante un año y medio a ser meramente un "lugar de encuentro". Las noches de Kábbalah quedarán en el recuerdo de muchos como algo especial. Este blog intenta continuar con su espíritu, si es que creemos en lo espiritual.

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15/01/08

Habladurías del mundo

Este texto fue publicado por primera vez en aquel espacio semirreal llamado "Piedralibre!", el 23 de agosto de 2007. Hacía frío y, aveces, la gente se anima entonces a escribir, o mejor dicho, a mostrar lo que escribe...

pd: Y un Enorme saludo a los hacedores originales de este bloguespout.

* Una noche llegué a mi casa y revoleé el bolso, el saco y los papeles inmundos llenos de números y me dispuse a crear algo. Sentí una profunda necesidad de crear, lo que sea, aunque no supiera ningún arte ni tenga ninguna habilidad más que la de hacer cuentas y transcribir documentos ajenos. No probé bocado. Solo me importaba corporizar alguna sensación de ese momento con una pequeña coherencia, con un sentido… Fui al baño y me miré al espejo por un rato largo y en silencio absoluto. Tomé una lapicera y una hoja e hice un autorretrato en dos minutos. Una especie de máscara prehistórica con dos ojos desorbitados se me apareció sobre el papel. Basura. Entonces decidí escribir un poema:

Esta noche, no sé porque

que estabas conmigo imaginé

y la luna…

En esta noche que te pienso

Desde lejos…

Cuento las horas…las estrellas….

Yo… he visto las mejores mentes

De mi generación

Destruidas por el terror …

¡Por dios! Acababa de descubrir que la poesía no fue hecha mí. Inquieto, fui a la cocina pensando la manera de representar esa ebullición interna, creadora, que me dominaba aquella noche, y abrí una botella de vino. ¡La fotografía! Celular en mano, busqué algún rincón que tenga una iluminación interesante, un contraluz, alguna sombra que exprese algo en aquel departamento de dos ambientes. Todavía tengo la foto de las macetas iluminadas por un farol de la avenida, y la del portasahumerios que en ese momento me pareció un tótem maravilloso. Me gustó la idea de retratar mis zapatos vacíos al pie de la silla, como un hombre invisible. Pero nada lograba satisfacer mis ansias de creación, que se acentuaban, pretendiendo concebir una obra de arte absoluta. Desesperado, tomé una caja de fósforos, pero quemarlos y unirlos por la punta no iba a dar jamás con una escultura vanguardista en miniatura. Ante tanta impotencia no pude reaccionar mejor que revoleando la botella de vino contra la pared, y me fui a acostar totalmente resignado y triste por no llegar ni siquiera a la mediocridad, e insulté a todos los putos artistas y a dios por no darme un medio de expresión.

Dos días después vino a verme un amigo de España que trabaja en un centro cultural para esnobs, y se quedó maravillado por esa enorme mancha morada en la pared de mi comedor. Le dije que era “arte abstracto”. Desde septiembre estaré exponiendo en el Centro Cultural Kónex hasta noviembre, Sarmiento al 3000, $20 con descuento para estudiantes. Luego estaré en una muestra de jóvenes artistas argentinos en el Museo de Colonia, Uruguay.

¡Los espero!

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